Editorial

A MODO DE EDITORIAL
“El liberalismo se está desplomando como se desplomó el socialismo real en 1989. Bearn Sterns, Fannie Mae, Freddie Mac, AIG, son como piedras derribadas del Muro de Berlín liberal". Éstas no son las extravagancias de ningún visionario radical, sino las palabras con que Iñaki Gabilondo abría su informativo el pasado 17 de septiembre.
La crisis económica ya hace meses que ha dejado de ser una amenaza abstracta y está golpeando de pleno las condiciones de vida de la clase trabajadora. En el Estado español, el valor real de los salarios (el que tiene en cuenta el aumento del coste de la vida) es hoy un 4% inferior al de hace diez años; el paro aumenta y vuelve a situarse a niveles de finales de los noventa; al mismo tiempo, el desarrollo del estado del bienestar español sigue siendo insuficiente, hecho que acentúa ulteriormente la precarización vital de sectores cada vez más amplios de la población.
El alcance de la actual crisis económica y su doble componente bursátil y financiero han motivado los continuos paralelismos con el crack del 29. Podemos encontrar la misma matriz especuladora, mientras que la principal diferencia parece encontrarse en el carácter de los productos sobrevalorados: productos industriales hace 70 años y productos financieros hoy en día. Parece por lo tanto recomendable mirar hacia atrás y, una vez identificadas las numerosas diferencias entre los dos contextos históricos, saber reconocer también los rasgos comunes. De esta manera podríamos evitar que se volvieran a cometer algunos errores que, en aquella tesitura, aplanaron el terreno al avance de los regímenes fascistas.
De este análisis es de donde tendrían que partir los debates de las próximas asambleas de EUiA e IU. En efecto, uno de los primeros riesgos a tener en cuenta es el de la división de la clase trabajadora. La inseguridad económica y la creciente desconfianza en las instituciones democráticas son terreno fértil para la extensión de posturas reaccionarias y para la invención de un chivo expiatorio a quién culpar de la situación. Desde este punto de vista, actitudes como las del ministro Corbacho en relación a la inmigración resultan especialmente preocupantes. Esta tendencia sólo se puede contrarrestar con la presencia organizada y activa de las fuerzas progresistas en los centros de trabajo y en los barrios populares. Éste tendría que ser, por lo tanto, el objetivo central de los dos procesos asamblearios.
Al mismo tiempo, también conviene repasar cuáles fueron las medidas económicas con que los gobiernos de la época intentaron superar la crisis y cuáles fueron sus resultados. Por una parte, las políticas de austeridad y de equilibrio presupuestario practicadas en Europa tuvieron efectos desastrosos. El caso del gobierno Brüning en Alemania es un ejemplo paradigmático: seis millones de personas en el paro sirvieron de trasfondo a la rápida escalada del movimiento nazi. Más éxito tuvieron el incremento del gasto público y las reformas sociales del new deal estadounidense. Pero tampoco estas medidas fueron capaces de restituir a la economía del país una estabilidad, que sólo recuperaría plenamente con la IIª Guerra Mundial.
Se tienen que tener en cuenta estas experiencias en un momento en que lo único que se propone ante la crisis es o bien la receta neoliberal o bien una poco definida regulación del liberalismo. A las organizaciones de la izquierda transformadora les corresponde plantear alternativas eficaces y justas a la crisis, que no propicien una nueva crisis de mayores dimensiones. Y, dada la delicadeza del momento, es recomendable que lo hagan con mensajes claros y sencillos, que lleven seguridad y esperanza a la inmensa mayoría de la población que se ve perjudicada por el actual sistema económico.
Etiquetas: Crisis Financiera, Editorial






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